Requiem de una foto

Leyendo por aquí me topé con algo que me trajo recuerdos borrosos, idealizados, o talvez inventados de mi infancia. Son como esos flash de película. Y no, no voy a venir con esas historias de familia pobre que se las rebuscaba en los malos tiempos… no. Aunque así fue en su momento y en parte lo fue por mucho más aún luego. Nunca me avergoncé de ser pobre, y menos ahora, que hasta siento una identidad de clase, un orgullo de serlo por cuanto me sirvió para ser lo que ahora. Y no, tampoco cambió ahora mi status socio-político, ni la fortuna me ha dado sonrisa alguna. Pero bien.

En aquellos tiempos (fiuuu!) no existían los problemas sociales que ahora; todo era autocontrolado por una solidaridad invisible entre las personas, fuesen conocidas o desconocidas entre sí. Gracias al neoliberalismo, siendo astilla del mismo palo ahora, pero no del todo rendido, eso se agravó lo suficiente para provocar descomposición social, violencia más allá de la guerra, drogas, alcohol, delincuencia, liberalismo hecho libertinaje en todo su esplendor. No crean, tampoco padezco de ningún conservadurismo heredado a la fuerza; si lo sospechan, se trata de otra cosa un poco más complicada. Y bien, lo primordial que nos ha llevado a esto es el individualismo por encima de la colectividad. Eso ya sólo es antagónico en otras sociedades, como la de la hormigas; entre nosotros los inhumanos es el motor vital de la sociedad modernizada, la lucha por la supervivencia, el combustible del euro y el dollar. O lo aceptas o te entierras…

Y sí, me veo enterrado, literalmente, jugando con mi hermano en el patio, tierrosos a las dos de la tarde, esperando llegara mi abuela de traer los rumbos de costura que le daban donde llegaba de visita. Eso fue mucho después. Mis flashes de recuerdos empiezan con aquella foto en la que cumplía un año, los ojos grandes y atentos, los cachetotes, el pelo castaño todavía y casi en la cara, estrenando la camiseta a rayas horizontales que me sirvió hasta los tres años… y un brazo que me sostenía por la espalda porque todavía no me decidía a estarme quieto para la foto.

No existe la foto. Se quedó en mi recuerdo como muchas cosas que me voy encontrando por el camino.

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