Israel año 0 vs. Israel año 2012

Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” Dijo Jesús, en el Evangelio según San Juan, Capítulo 8, ver. 32. Y yo no soy religioso, pero tuve la dicha de nacer en un hogar cristiano, donde los valores que me inculcaron me decían que lo que yo decía se tenía que corresponder con mis hechos… y viceversa. Y desde entonces entendí que no son las cadenas las que nos atan, ni las sogas, ni barreras que nos pongan para encerrarnos o entorpecer nuestras libertades… lo que nos esclaviza como hombres y mujeres, como humanidad, es la mentira, la falta de la verdad.

Y eso se los dijo Jesús a los judíos, y es de ellos que quiero hablar.

Israel fue el Pueblo de Dios. El pueblo que salió de Egipto, guiado por Moisés, y que anduvo cuarenta años por el desierto, no necesariamente buscando la Tierra Prometida, sino limpiándose de escoria e impíos, hasta que les llegó el momento de establecerse y continuar bajo la bota imperial, ya no de los faraones egipcios, sino de los romanos. Según las santas escrituras, en su primera parte, llamada Antiguo Testamento, Dios tenía un propósito para ese su Pueblo. Así lo demostró, propiciándole a ese su pueblo los mejores gobernantes, los más sabios hombres gobernaron ese pueblo de Dios, porque Dios tenía un propósito para ellos. ¿Cuál era ese propósito? ¿En qué desencadenó el fin del propósito para Israel?

Como ya lo señalé, Israel terminó siendo esclavo de un nuevo imperio, y esta vez fue el Romano. Dios así lo quiso. Dios seguía teniendo un propósito para Israel, aún bajo esas condiciones. Los que hemos leído la Biblia sabemos porqué se dio esto, y la más breve explicación que podemos encontrar es que de una u otra forma Israel, o sus gobernantes en defecto, siempre contravinieron su voluntad.

En el contexto del Imperio Romano se cumple la profecía. La venida de Jesús, Hijo de Dios, el Mesías. El mismo que traería la liberación al Pueblo de Dios. Nació de entre los judíos, de descendencia del Rey David, que fue rey de Israel en su momento. Su hijo nacería del pueblo que cuidó, de su pueblo. Este era para mí el propósito que Dios tenía para con Israel, si acaso existió alguno en concreto, Jesucristo fue ese propósito.

Sabemos la historia de Jesús, bien hayamos leído la Biblia alguna vez o no. Sabemos que el propósito de Jesús era aún más importante, por cuanto él pondría las nuevas reglas del juego, historicamente hablando. Jesús dio al traste con la costumbre judía, pronunció la nueva Ley. Enseñó que el Amor al prójimo era mucho más importante que respetar un día de descanso en la ley judía. Desde el punto de vista religioso, revolucionó la doctrina, y la revolucionó con la autoridad que ser Hijo de Dios le daba. Bien sabemos esas cosas. Y sabiéndolas es que saco por conclusión que Jesús era el propósito, que por ello Israel anduvo cuarenta años por el desierto, que vivió la honra y la deshonra, únicamente porque traían consigo mismos el gérmen histórico de ser el pueblo de donde saldría ese mesías. ¿O me dirían acaso que Israel era un propósito más grande para Dios que su hijo mismo? ¿Sería acaso Abraham un propósito más grande que Israel, o bien, más grande que Jesús mismo? Jesús marcó una etapa histórica, no cabe duda alguna, y en este sentido, marcó la etapa en que Israel dejó de ser el Pueblo de Dios.

Esto sucedió porque Dios planeó las cosas grandes que debía conocer el mundo. No podía ser, pues, Israel el absoluto interés de Dios sobre su creación. Porque sucedió, y eso muy bien lo sabemos, que Jesús mandó a sus discipulos a esparcir la Buena Nueva, su Ley, su mensaje a la Humanidad; y sabemos que mandó a sus discípulos por el mundo a sufrir penurias y persecuciones por parte del Imperio Romano con tal de esparcir esa Palabra, y es así que conocemos los occidentales el Cristianismo. Esparcir esa palabra de Amor, era pues, el propósito para Jesucristo en este mundo, porque esa salvación no le podía pertenecer en exclusiva a un pueblo que se dio el lujo de acabar con la vida de quien les traía la Verdad que habría de hacerlos libres. Dice el Evangelio según San Juan en el Capítulo 3, ver. 16 y 17: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”

Sabemos hoy que existe ese Estado, nación, país, llamado Israel. Israel hasta 1948 no existía como tal. Es pues, que en 1947 las Naciones Unidas se toman el derecho de partir en dos Palestina, y como resultado tenemos un sólo territorio dividido en estado judío y estado árabe. Exactamente el 14 de Mayo de 1948 Israel declara su Independencia, “lo cual fue seguido por la Guerra árabe-israelí de 1948 con los vecinos Estados árabes, que se negaron a aceptar el plan de la ONU.” Ni tenían porqué aceptarlo. Y continúa Wikipedia, “Las sucesivas victorias en una serie de guerras posteriores confirmaron su independencia y ampliaron las fronteras del Estado judío más allá de lo dispuesto en el Plan de Partición de las Naciones Unidas. Desde entonces, Israel ha estado en conflicto con muchos de los países árabes vecinos, con varias guerras y décadas de violencia que continúan hasta el día de hoy.

Léase, “y ampliaron las fronteras (…) más allá de lo dispuesto por el Plan de Partición”. Y lo que sabemos hoy de esto no es más que la propaganda occidental sobre los “terroristas” palestinos. Sí, eso es lo que nos venden, y cobijan la verdad, esta que nos dice la Wikipedia en un par de palabras, con las más burdas mentiras que jamás hayamos escuchado. Y bien, es pues la ONU la mayor culpable de haber cometido este crimen, porque no puede ser otra cosa querer congraciarse con un pueblo casi exterminado por Hitler en Europa, otorgarles un País sacado de la manga de la camisa, por dejar pisoteado a otro pueblo que milenariamente tenía posesiones naturales en lo que hoy es Israel y Palestina.

A causa de esa necesidad del Estado de Israel por hacerse de un territorio (que por derecho no le pertenece en exclusiva), es que consecuentemente alguien (o algunos) tenían que aprovecharse de la situación. Es en esto donde interviene un nuevo Imperio. Los Estados Unidos de Norteamérica arman hasta los dientes al Estado de Israel, no precisamente para que se defiendan de quienes por derecho reclaman su territorio, sino para hacerse ellos de intereses en Medio Oriente. Y es la historia que conocemos hoy, de cómo un pueblo (que nada tiene que ver con el que menciona la Biblia) en su necesidad de asirse a una identidad, llega a crearse estado en un territorio que no le pertenece en exclusiva, con la consecuente usurpación de los derechos del pueblo Palestino y la pugna que existe desde el primer momento de la creación de éste adefesio por parte de la ONU.

El Estado de Israel es en la práctica, hoy, un Estado fascista, genocida, que mata, aterroriza y hunde en miseria a quienes son verdaderamente los dueños naturales del territorio de Palestina.

Nada puede tener que ver el Israel bíblico, con el Estado de Israel hoy. Si bien se puede apreciar que el Israel bíblico cumplió su papel histórico y religioso, no se le puede confundir hoy con el Pueblo de Dios, tampoco.

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