Lo que es

Lo que es, ya tiene nombre. Lo que no es, habrá que ponerle apellido, además, porque ha de venir de algo relacionado a lo que ya es.

Me decía el Licenciado Aguilar la otra vez, un tanto asombrado de darse cuenta de mi manera de ver a Dios y al Mundo, que era una manera bastante peculiar de organizar los hechos y sacarlos del hoyo que mitifica las creencias del común. Sabés, me dijo, agradable haberte escuchado, porque muchas cosas que dijiste han de quedarse dando vueltas en mi mente.

Nunca quise decirle al Licenciado Aguilar que mi “peculiar” manera de organizar los hechos y sacarlos de ese “hoyo mitificador” lo aprendí del marxismo. No quise porque el Licenciado Aguilar trabaja para la empresa privada y, en sus ponderaciones siempre hacía referencias al “jefe”; incluso expresó un par de cosas en ese ángulo que hube de replantearle desde un punto de vista más digno y plantado sobre el suelo. Él tuvo que agradecerme el replanteo de su tesis.

Pero esto no se trata de la grandiosa herramienta analítica que me brindó el marxismo. Se trata de la manera en que el Mundo ve a Dios. Y vaya porque nadie sabe en verdad cómo Dios ve al Mundo, si acaso eso debiera llamarse tesis. Pero bien, creo que los hombres que vivimos en ese Mundo (que yo menciono con M mayúscula) no somos capaces en su mayoría de sacar del mito a ese Dios. Nosotros lo hacemos mito con las religiones, con nuestras creencias no-religiosas, con la educación hogareña. Y, hasta  a veces, aunque no nos consideremos religiosos o no creamos en figuras relativas a ninguna religión, siempre lo mitificamos como un ser maravilloso, todopoderoso, surreal, trepado en una nube, viviendo en el cielo. Hay sinónimos más convencionalmente realistas que eso.

Y creo en Dios. Sorpréndanse entonces.

Y es que el Licenciado Aguilar me decía de su falta de fe. Por eso salió Dios a colación en la plática, y además porque teníamos mucho tiempo de no encontrarnos como buenos amigos con unas cervezas de por medio. He de decir que si hubiesen habido testigos, hubiese preferido uno de esos ejemplares ciudadanos que promueven el Evangelio tosudamente, para que con la verdad dijera y testificara que jamás insultamos a Dios en esa plática. Para que constara.

Y bien, el Licenciado Aguilar se lamentaba de eso, porque decía que él sabía que Dios tenía un propósito para él, pero que no podía comprender y aceptar eso, porque ese propósito al Licenciado Aguilar le producía algún tipo de incomodéz, por decirlo de alguna manera. Y entonces vine yo, el ateo irresponsable, agarré toda la historia de la Humanidad, partiendo de dar por hecho las escrituras bíblicas (desmitificándolas) hasta llevarlas a la realidad que vivimos hoy en el Mundo. Aquí fue donde le sorprendió mi marxista forma de analizar la Historia. Logré demostrarle que Dios tiene un propósito para cada cosa en el Mundo, desde la más pequeña e insignificante, hasta la más compleja y sistematizada donde pueden intervenir innumerables factores. El Licenciado Aguilar, obviamente, es un hombre de nivel, educado, buen ciudadano, en sus cabales o fuera de ellos jamás blasfemaría, aún padeciendo una crisis de fe.

Y entonces algunos políticos disfrazados de practicantes de la fe con “dedicación” dirían que fui capáz de manipular las cosas para eengatuzar al pobre hombre. Este pobre hombre es apenas unos meses mayor que yo. Ya di sus señas. No hablo de ningún vago, sino de alquien que respeto con mucha honestidad. Pero bueno. El punto es que no dijimos ninguna mentira, cada uno dimos nuestra observación, argumento tras argumento, hecho tras mito hecho un hecho.

Y talvez, haciendo un paréntesis, entre líneas he dado a entender que las escrituras son un mito. Bien. Nadie las puede comprobar. Por fe las damos por hecho, las analizamos y las convertimos en un tesis comprobada para poder auxiliarnos en la comprensión de los hechos posteriores. Todo eso sucede en el background, no es actividad primaria porque estamos aplicando el instrumento, nada más. Los resultados al aplicarlos es lo que interesa y en ese devenir se comprueba que se procede con la “verdad”.

El asunto al final es que el Licenciado Aguilar dejó de hacer tambalear su fe porque comprendió concienzudamente que los hombres que vivimos en este Mundo no nos mandamos solos. Que existe una fuerza incomprendida, más allá de lo explicable, más allá de la fuerza gravitacional que le da su lugar a cada cosa en este Mundo, en espacio, al menos, que nos manda a vivir y a practicar un próposito incomprensible para todos y cada uno de nosotros, un propósito que no hemos elegido, o bien, que hemos elegido sin saber que ya estaba elegido para cada quien… O bien… Quién me puede decir acaso que ha visto en la palma de su mano lo que ha de ser, el nombre que debe llevar, las banderas que ha de levantar, o la muerte que ha de construir a lo largo de su vida?

El Licenciado Aguilar y yo tenemos mucho en común, ambos bebemos, ambos creemos en Dios, en el Amor y en el propósito de cada quien en este Mundo. Ambos sabemos que nada de eso va a cambiar el Mundo tal como es (ya hubiera sido hace mucho si acaso), sinembargo sabemos como funciona hasta donde el conocimiento se nos ha dado. Hasta ahí, las religiones y los mitos no sirven para nada.

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