Carta para una señora que reza y reza

No me sorprende que me hayas quitado el saludo, siempre supe que tus sonrisas eran bastante fingidas, lo tuyo siempre ha sido la hipocresía piadosa, los arrogantes golpes de pecho y la paz sea contigo (solo para unos, no para mi), ese “Señor no soy digno de que entres en mi casa” que le trasladas al jardinero – Por favor, pasa por el jardín por la puerta de atrás”.

Tú, tan piadosa con los limosneros, resientes que ya no haya tantos en la calle, resientes no ver al niño harapiento en las calles y que ahora está en su escuela y ya no con la mano extendida para recibir migajas arrogantes, te enorgulleces que la salvación de tu alma es a costa de la perdición de la vida de otros. De esos a los que la conde (sic) perpetua de la pobreza que serían bienaventurados, según tu doctrina, en otra vida y no en esta. Los derechos restituidos a los pobres te arrebatan la posibilidad de ejercer la limosna que no resuelve nada, pero aplaca un poco quizás tu conciencia, esa piedad que te hace buena.

Tus puntuales rezos diarios en la misa de cinco, clamando dolor y muerte para quienes nos empeñamos en que venga a nos su Reino a este valle de lágrimas. Porque las lágrimas nunca fueron tuyas, porque los niños sin educación y sin merienda nunca fueron los tuyos, porque estamos claros que las bienaventuranzas tú las has tenido primero que nadie.

Yo no rezo, ni me he sentido bueno dando el córdoba que me sobra, nunca me ha agradado esa idea, más bien lucho porque el limosnero deje de serlo, ni mucho menos pido la muerte de nadie a un Dios convertido en sicario por tu odio, nosotros combatimos por la vida, yo no rezo, no odio, yo amo y construyo.

Para finalizar esta carta, no es necesario que te persignes como para exorcizarme porque no hay remedio, he escogido el camino del amor al prójimo, el camino que aprendí de pequeño con mi Madre, sin necesidad de ir a misa, las tardes de domingo con libros y sin películas de Walt Disney, el camino de un Sandinista pues!.

No es necesario que saques tu collar de ajos, ni el agua bendita importada de Roma, los vampiros son otros los vampiros son otros y se dan golpes de pecho -sin estacas- contigo. Tranquila que ya estoy terminando. Solo quería decirte que me alegra no parecerme a ti, que la mayoría no nos parezcamos a ti, porque de que no seamos como tú depende la paz de todos.

Un tal Luis.

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