Terror en el Acuario

La mudanza significa un proceso estresante para la mayoría de las personas. No es mi caso la excepción. Para los peces del acuario eso es muchísimo más estresante y para mí es un real problema por los riesgos que conlleva desaguar los acuarios, montarlos en el vehículo, preparar las condiciones en el nuevo hogar, etc.

Esto lo había logrado satisfactoriamente en movimientos anteriores. Incluso con cambios para mejor. Algo de experiencia que no me ayudó esta vez por una que otra variante imprevista. Terrible. El tiempo. Las condiciones esperadas. Como resultado obtuve bajas dolorosas y, en consecuencia, una terrible desmoralización, al punto que me habían llegado a valer mis acuarios y mis peces.

Considero que ya estoy algo recuperado y en condiciones de continuar. Esto no lo puede entender alguien que nunca ha tenido esos pequeños seres vivos, en el constante esfuerzo por tratar de darles las mejores condiciones de vida (alimento y calidad de agua). Que a la postre es lo mismo que se intenta hacer con cualquier otra mascota, con un perro, un gato. Muchos saben que es doloroso perder a una mascota (o miembro de la familia, como muchos tratan a sus animales domésticos) que ha estado tanto tiempo con uno. La primera reacción es no volver a saber más de ellos, no volver a intentarlo.

Las bajas fueron mis mollies. Mis bellas mollies que ya pronto cumplían dos años conmigo. Muchos guppies y el ramirezi enfermo, que no sé si recupere. Plantas dañadas. Dos acuarios de 40 L bajo amenaza de desmontarlos si no logro que las plantas se recuperen, porque además tienen invasión de alga filamentosa que puede aporvechar el momento para no querer desaparecer.

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Los responsables de esto son dos críos, cipotes, escuincles, cabros del demonio, que, sin conciencia de lo que estaban haciendo, y sin yo poder darme cuenta a tiempo, metían sus manos y brazos a corretear y aterrorizar a los peces. Que siempre habían gozado paz y salud. Es de imaginarse la cantidad de microbios patógenos que habrán ingresado a los acuarios por esta irresponsable actividad tan “inocente”. Enterado el casero, ya era muy tarde para que hiciera nada por evitar la muerte de los peces. En el mismo sentido no hubo detén para los niños. Hasta que me he cambiado a otro aposento donde hay más seguridad. Obviamente tengo mi grado de culpabilidad por no garantizar la seguridad de los acuarios. Todo fue en un cerrar y abrir de ojos.

Los pequeños desde entonces han quedado con un tic nervioso, que cuando me acerco o hago un movimiento brusco cerca del acuario, corren o se espantan. Da una idea del terror bajo el que estuvieron sujetos, incluso después del deceso de las gordas.

Pero bien. me he quedado con dos acuarios prácticamente sin peces. A ver qué se nos viene.

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